El tren se aproxima a la estación. Tengo que despertarte. Pero al mirarte recuerdo esos momentos de mi infancia, donde aprendí a leer novelas tediosas cada noche con mi padre, cuando me obligaban a pedirle perdón a mi hermano por esa pelea que no empecé o sostener el aburrido tejido de mi madre. Cosas que odie hacer, pero cobran sentido cuando las comparto contigo.
Recuerdas cuando me preguntaste “¿Qué te animó a invitarme a salir?” y que respondí “Ya me sentía listo para compartir mi vida”. Te reirás cuando te diga algún día que no me arrepiento de haberlo hecho, ya que esa pregunta sigue siendo importante para mí, porque la respuesta está en aquello que sin intención aprendí con mi familia: a amar.
La luz del andén comienza a iluminar nuestros rostros. Leo en tu sonrisa que sueñas y en automático decido despertarte dándote un beso en los labios.