Un consentir de dos

La luz, un desfile de luciérnagas alrededor nuestro. La elegancia de nuestro vestir se mimetiza en un solo cuerpo. Nuestras voluntades se sellan con palabras que denotan un sí permanente. Este abrazo matrimonial se convierte en uno de tus besos silenciosos, de los cuales yo siempre he sido testigo, para volverme tu complemento.

La armonía de una sinfonía de verano resuena en la sonrisa de nuestro destino compartido y ahora descubro una chispa escondida en las señales de amor entre tú y yo. Nos encontramos, me encontraste, te encontré. Aceptaste mi invitación para siempre y henos aquí, juntos.

Entramos en el juego de darnos y aceptarnos a título de marido y mujer, confiando en que el otro estará ahí para toda la eternidad. Permitamos que la Vida se una a nuestro compromiso. Dejemos que cada instante juntos sea una renovación de nuestros votos. Que nuestro amor sea reflejo del Amor.

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