La luz tenue pinta de carmín los ojos de la pequeña. Desde la ventana, mira los puntos brillantes que dan pausa a su sueño. Noche tras noche, intento tras deseo, pero nada vuelve a salir de esas tiernas manos. Su cerebro no siente, lo que su corazón sabe. La magia duerme en su interior. Ella lo entiende, pero es incomprendida por los que no la entienden. Su varita y su diario, fieles compañeros. Nada vuelve distinta esta noche. Aun extraña a su papá. Ese primer hechizo sin falla. Busca en el cielo su antídoto, preguntándose si es una bruja o una maga. Lo único que deseaba Emma, era no ver pelear a sus papás.

 

 

*Imagen de Mark Demsteader

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