Cuento publicado en Letras & Poesía.

Sus ojos reflejan la claridad de un alma pura, a pesar de su constante rugir de estómago. A ella no le molesta. El hambre es su amiga, ya que es lo poco que puede compartir con sus hermanos. De cabello pelirrojo y labios carmín. Con 37 pecas en la cara, que ella misma contó mientras se reflejaba en el aparador de una tienda de belleza.

Linda despierta compasión en los transeúntes de la calle donde suele sentarse a trabajar. Depositan pequeños aros de metal dentro de su paliacate rosado. Los cuales cambia por abrazos con su mamá. La pequeña conoce el frio, desde que nació su cuerpo ha tocado el helado concreto. De haber nacido en una cuna, probablemente su rostro sería el que adorna la portada del periódico que Linda llama cama.

Con seis años, su vida se reduce a jugar con sus manos. Le gusta soñarse limpia y con muchos aros metálicos para ayudar a sus compañeros de hogar sin techo, ni paredes. De pronto, un hombre de traje con promesas de un futuro mejor se acerca, al verlo, Linda corre lejos a esconderse, prefiere vivir de sueños. Ella comprende que la honra humana vale más que cualquier metal.

 

*Obra de Greg Gossel

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