Al calor de una hoja de papel

mis letras se van despidiendo de ti.

Conocí el amor en la ventana de tus ojos

aunque finjas ceguera al leer mi despedida.

 

Al frio del carboncillo del lápiz

escribo tres adioses a tu ausencia:

a tu nombre, a la forma de tu cuerpo y a la línea de tus besos,

dime ¿quién te enseño los pasos para alejarte así?

 

Al silencio del cuaderno en el librero

me voy, extrañando a la voz autora de tus mil versos

y a las caricias que aun reposan en mis sueños.

 

Al dolor de un hombre enamorado tras el escritorio

no le basta la vida para olvidarte,

a tu amor, renunciar no puede sin morirse.

 

 

*Imagen de Edward Hooper

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