– Uno, dos, tres-. Siendo fiel a cada segundo, él contaba con justicia. Confirmaba su ceguera temporal recargando el antebrazo cubriendo ambos ojos. Agudizaba el oído. Cualquier risa, arrastrado de pies o caída podía delatar el escondite de cualquiera.

Mientras tanto, un enojo volaba con la brisa invernal de la temporada. Buscaba asirse de algún inocente. Nadie lograba verlo y no era porque flotara a gran altura, sino porque las emociones necesitan de un cuerpo para ser visibles.

– ¡Cincuenta! Listos o no, allá voy-. Luis comenzó a buscar a sus amigos. Detrás del muro, bajo la ventana, a un lado del viejo Mercedes. Esta ronda pintaba complicada para sus habilidades de espía. Arriba, sin hacer ruido, Pedro colgaba del farol con un solo dedo.

– ¡Uno, dos, tres por Pedro! -. Al mismo tiempo que el descubrimiento de Luis, la emoción flotante había encontrado a su huésped, entraba al cuerpo de Pedro por el ombligo que se asomaba por la camisa heredada del hermano mayor. Probó quedarse en el páncreas, pero notó que no era cómodo, por lo que decidió alojarse en el estómago.

– ¡Hiciste trampa! ¡Viste! -. La rudeza y el tono de las palabras asustaron a Luis. Era la primera vez que veía tan mal a su amigo. Observaba el enojo en su rostro.

-No es cierto-. Cada momento de discusión, acrecentaba el sentir de Pedro. La rabia llenó su cuerpo y corrió en dirección a Luis, con toda la intención de comenzar una pelea.

Asustado, Luis no tuvo otra elección que huir. Para su sorpresa, una piedra quiso evitar la catástrofe atravesándose en el camino del iracundo amigo: Haciéndolo caer de una manera tan estrepitosa, que el enojo salió disparado por la nariz de Pedro, cayendo en el lomo de una hormiga que hacia su último viaje de trabajo.

– ¿Estas bien? -. Luis tendió una mano para ayudarlo a levantarse. –Perdón, Luis. No sé lo que me pasó-. Resuelto el problema, ambos chicos decidieron seguir jugando, al ver que Ramón corrió a la base para salvarse.

-Uno, dos, tres por mí-. Gritaba, mientras tocaba la pared con el alivio de haber redimido su turno. La noche envolvía la calle donde jugaban, las sombras comenzaban a abrazar las esquinas de las casas y mientras la noche ayudaba al último jugador a pasar desapercibido, las estrellas jugaban del lado de Luis regalándole un poco de luz.

El viajero causa problemas viajaba sobre el pequeño insecto. El cual, encontró un obstáculo en su camino entre grandes estelas verdes. La mano de José. Por lo que mordió con fuerza su meñique, haciéndolo gritar de dolor. Dolor que aprovechó la emoción para tomar una nueva forma. Su fuerza era menos a raíz de la caída, pero su decisión la hizo entrar por la herida de la mordida. Nadando por la sangre de José llegó al corazón.

-Uno, dos, tres por José-. El dolor dio paso a la tristeza. –¡No es justo!, siempre me encuentran, ya no quiero jugar-. Los tres amigos se acercaron para animarlo y lo abrazaron, lo conocían de hace años, esta reacción no era algo típica de él.

La emoción tomaba forma en José. Era toda la tristeza que se almacenaba en su interior, por lo que comenzó a llorar, las gotas formaron una cascada, empapando a sus amigos. Las lágrimas llenaban de agua el corazón. Para no morir ahogada, la tristeza decidió tomar la cola de una lagrima para escapar. Saliendo por su lagrimal derecho y cayendo sobre la tierra blanda del parque, en donde encontró a una pequeña semilla para vivir.

-Ya José, es solo un juego, no tienes por qué ponerte así-. Una vez calmado, la luz de la luna iluminaba los rostros de los cuatro amigos dejando ver el signo de amistad que cada uno tenía marcado en la cara. La risa de los niños despertó a más de un previsor que ya descansaba en su cama. Mientras la emoción encontró estrecha su nueva casa por lo que decidió hacerla crecer, convirtiéndola en una alegría.

Luis siendo el mayor decidió poner orden. – ¿Saben? Creo que la abuela tenía razón. Me dijo que no es bueno jugar en la calle en esta época del año-.

– ¿Por qué? -. A Ramón no la habían dicho eso en su casa.

– Porque en invierno las emociones vuelan, brincando de corazón en corazón, enamorando a unos, desahuciando a otros-.

 

 

*Imagen: “Fascination” de Bob Byerley

Anuncios