Vivo para contar

la memoria de un patriarca,

como se cuenta un cuento.

Escribo una crónica,

pero estaba anunciado

como la muerte del náufrago,

que esto sería un relato.

No es una historia de amor,

ni de otros demonios,

a pesar de las mujeres tristes.

Su vida dejó un rastro

como de sangre en la nieve.

A mala hora se no fue,

pero ya era demasiado

hacer esperar a los ángeles.

Desde su partida,

parecen cien años de soledad,

ya no tenemos quien nos escriba.

Yo no vengo a decir un discurso de este hombre,

que por andar alquilándose,

ahora sueña eternamente.

Gracias a él

muchos compartimos,

su manía de contar.

En estos tiempos del cólera

donde todos buscamos el amor,

te agradecemos tu labor,

Gabriel García Márquez.

 

 

 

*Imagen recuperada del sitio web: http://www.informador.com.mx

 

 

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