Cuento publicado en el número 16 de la revista el narratorio: http://elnarratorio.blogspot.mx/p/blog-page_19.html?m=1

Es un lugar distinto para celebrar el año nuevo. En estas fechas entre enero y febrero la ciudad acoge sutilmente las ultimas brisas del invierno.

-Abre la ventana Kumiko. Así escucharas mejor-.

La ciudad respira un ambiente de renovación. Propósitos y compromisos permeados por la esperanza de felicidad. A veces parece que el mundo se mueve en masas. Una idea guía a miles. Como un barco fiándose del faro para no encallar. Pero, ¿Quién controla esa luz? El devenir de existir no puede actuar meramente como antena.

-Mami, mami. El cielo sigue oscuro-.

-Espera un poco, tal vez el sereno humedeció la pólvora-.

Todo comienza generarme dudas. Cuando falleció Huan Yue fue difícil asimilarlo. Aún me cuesta aceptarlo. Kumiko tenía cinco años, sentía una gran necesidad de hablar con ella y explicárselo de una manera que le brindara seguridad. Decirle que su papá nos está esperando con los brazos abiertos. No pude hacerlo. No era el no querer decirlo, sino el no saber cómo decirlo. Ella nota cuando uno le esconde algo. Tuve que callar y esperar que la vida lo arreglara todo.

-Mira mami, que bonito. Un dragón-. Los fuegos artificiales nos toman por sorpresa. Me estacione del lado equivocado. El tronar de la pólvora se sincroniza con la caída de la imagen en pequeños puntos de luz.

– ¡Cuantos colores, amarillo, verde, rojo, morado! -.

Le fascinan. Los niños ven la vida con tanto color. Traer aquí a Kumiko es darle las gracias por cargar con mi dolor, ella no lo sabe, pero inconscientemente sé, que sacrifica muchas cosas por verme feliz.

– ¡Woooooow, bajemos! ¡bajemos! bajemos del auto mamá. Quiero tocar. ¡Quiero ver más de cerca mamá! -.

-Bien, vamos-. Cierro el auto y tomo su mano izquierda, la derecha no deja de apuntar al cielo, como queriendo hacerle una pregunta al profesor eterno.

Sospecho que es ahí donde radican mis dilemas, será acaso que desconozco como se habla con Él. Mis hermanas insisten en que eso me ayudara a seguir adelante. No lo creo.

-Que luces tan hermosas Kumiko. Tapate bien, que ya empezó a hacer más frio-. Un par de pequeños guantes ascienden a su rostro para acomodar su cabello dentro del gorro rosa.

Alzo la mirada para desviar mis pensamientos hacia las figuras del cielo.

-Feliz año nuevo Kumiko-.

-Feliz año nuevo mami-.

Las aceras se empiezan a llenar. Familias, parejas. Hombres y mujeres presenciando la llegada del nuevo ciclo. Sus rostros brillan al unísono reflejando los colores del cielo. La tristeza se esfuma por un instante y se guarda en un cofre en la esquina del corazón. Siento como se va llenando mi alma al ver a mi hija gozar de todo el espectáculo.

Pareciera como si todo alrededor se impregnara de Dios o viceversa. Si tuviera la seguridad, alguna señal de su existencia, tal vez me esforzaría en….

-Mami. ¿Crees que papá este viendo esto desde el cielo?

 

*Imagen de Damir Sagolj

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