Tu voz es el rocío

que baña tus ojos de brillo,

con tu paso el campo deja de estar tranquilo

mostrándose florido.

Mirarte hace fluir el río

con aguas de amorío,

en el corazón llueve albedrío

mi soledad se torna un hastío.

Con el devenir de tu equinoccio

caen hojas de aprecio,

acaricio un solo avío

encantado en tu artificio.

Joven aurora que nace del frío,

tu cuerpo y el mio

pueden ser el inicio

del amor de interludio.

 

 

 

*Imagen: “Las 4 estaciones” de Alfons Mucha (1900)

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