Cuento publicado en la revista “El narratorio #15” http://elnarratorio.blogspot.mx/p/antologia-literaria-digital-nro-15.html?m=1

Aladdin

Hoy es un día especial. Papá y mamá me llevaran a ver el circo de marionetas. No querían, pero logré convencerlos. Dicen que es peligroso salir a la calle. No entiendo. Al ver por la ventana de mi cuarto, suelo ver adultos corriendo, jugando a las escondidas. Me gustan las escondidas.

Mamá discute con papá, no quiere salir. Pero insisto. Por favor mami, solo un ratito y regresamos. Salimos de la casa y bajamos las escaleras que dan a la salida del edificio. Papá mira alrededor como buscando un taxi, pero decidimos caminar. Algunas veces me toman fuerte de las manos y brinco para sentir que estoy volando. Me gusta volar.

El parque está cerca, incluso hace dos años salía a jugar soccer con mis amigos, sin necesidad de ir acompañado. Ahora no nos dejan salir solos. Es como si nadie confiara en nadie. Hay mucha gente en el lugar. No veré nada. Siento lo brazos de papá en mis costillas. ¡Wow! Ahora alcanzo a ver hasta los pies de las marionetas. Mi mamá se molesta, dice que es peligroso. Me gusta estar en los hombros de papá.

Escucho una sirena. ¿A dónde van todos? Papá me baja. Todos corren, corren hacia todos lados. ¿Qué sucede? Ya están muy grandes como para temerle a las avionetas, ellas vuelan alto. No creo que se caigan. Me gustan las avionetas.

De repente escucho a un elefante caer. Baja el sol y me quema los ojos. Me duelen los ojos. Vuelo. Caigo. ¡Ay! Me duele mucho la cabeza. Me quiero levantar, pero algo pesado esta sobre mi pierna. ¿Papá? ¿Mamá? ¿Por qué tantos gritos? No me gustan los gritos.

Tengo sueño. Papá dice que antes de dormir siempre hay que rezar al ángel de la guarda. Rezo. Una piedra cae a mi lado. Tal vez estén jugando guerritas los vecinos. Me gusta jugar con los vecinos.

Farah

Las noticias de la mañana me preocupan. Los días en la nación han sido complicados, cambios políticos y militares. La vida aquí ya no es sencilla. Amín, no creo que sea buena idea salir. El departamento es pequeño. Lo entiendo. Pero podemos hacer algo aquí para distraernos.

Discutimos. Aladdin me convence, su entusiasmo me desarma. Igual que su padre. Me tranquilizo un poco hace semanas que no ha pasado nada en la ciudad, parece que han respetado esta zona como lugar fuera de conflicto. Le pido a Amín, que solo revise bien antes de salir de casa, que no haya nada sospechoso. Caminando por la acera, levantamos de los brazos a mi hijo. El vecindario se ve tranquilo.

Entre mis amigas hemos decidido no dejar salir a jugar a los niños solos. Buscamos ser preventivas. También hemos aprendido a convivir con el miedo. Es triste ya no poder confiar en nadie. Parece que este espectáculo de hilos es famoso. Veo mucha gente reunida. No entiendo que tienen de interesante. No subas al niño, se puede caer.

La alarma de ataque aéreo suena. Tenemos que regresar a casa. Tomamos de la mano a Aladdin. En este tipo de situaciones estar bajo techo es indispensable. Me dejo guiar por mi esposo. El girar de las hélices aterroriza a todos. Espero lo peor.

El estruendo fue grande. Cae cerca de aquí. El impacto me arranca a mi hijo de las manos. ¡No! ¡Aladdin! Todo se ilumina y se llena de un calor ardiente.

Las quemaduras parecen ser graves, pero puedo caminar. Mi esposo, mi hijo. ¿Dónde están? Camino, entre lo que sé son cadáveres. Vecinos, amigas, evito ver los rostros. No quiero reconocer a nadie. Saco de mi bolsillo la cruz, la aprieto. No es tiempo y lo sabes. No es tiempo y lo sabes. Este no es momento para que pruebes mi fe. Un sonido particular capta mi atención.

Amín

El trabajo de esta semana fue agotador. Creo que salir es buena opción para quitarme el estrés. Aparte pobre niño. Estos son los momentos de la infancia que no se olvidan. Tendré que convencer a Farah. No será complicado.

Mira si te da tranquilidad reviso la calle antes de salir. Me persigno antes de salir, costumbre que tengo desde pequeño. Bajamos y salimos. Noto la preocupación en el rostro de mi esposa. El niño va feliz. Le fascina que lo levanten al brincar. No creo que entienda todo lo que está pasando en su mundo. Así debe ser un niño.

El parque esta abarrotado. Este espectáculo de títeres debe ser bueno. Levanto al niño en mis hombros. Pobre no alcanzaba a ver nada. Creo que Farah está nerviosa. La entiendo, su primo murió hace dos semanas en el campo.

¡No! Maldición, debo llevar a mi familia lejos de aquí. Les tomo las manos. Regresar a casa es lo más viable. Las sombras de los planeadores son grandes. Van a tirar algo, no tardan en hacerlo. ¿Dónde? ¿Dónde? ¡Ahí! Vamos.

La bomba se hace presente. Los aprieto fuerte para no dejarlos ir, pero la luz de la detonación no me deja ver, tropiezo con algo, dejando ir a mi familia. El pecho y los brazos me incomodan. Pero la desesperación me hace olvidar el dolor.

Se aclara un poco mi visión. Distingo una piedra a mi lado. Tú fuiste la culpable. El rencor me hace patearla y se va rodando por la calle en ruinas. Con cada bote le roba un tiempo al cruel silencio. Cae a cuatro metros de mí. Pero, ¿podrá ser?

*Fotografía recuperada del sitio web: http://www.elalmanaque.com/wp/solidaridad/uno-de-cada-tres-ninos-sirios-ha-nacido-en-guerra-y-24-millones-son-refugiados-segun-unicef/

 

 

Anuncios