Creí, que nunca te escribiría nada, ahora la pienso y me considero un tonto. Que incoherencia el no plasmarte en recuerdos escritos, si tú fuiste la mujer que me enseñó a abrirme a los demás, algo que desconocías complicado en mí. El artículo es “la”, no fuiste “una”. Inclusive la vida me puede sorprender cambiando mi conjugación a un “eres”.

Para los dos, confiar fue algo natural. Coincidir. ¿Alguna vez pensaste en cual fue la razón de encontrarnos? ¿Al azar? Lo dudo. A ti, no se te daba.

Tal vez te escriba esto y nunca lo leas. Pero en tus recuerdos como en los míos hubo varias sonrisas compartidas, horas sazonadas con palabras y un libro ajeno, el cual nos acercó a un encuentro personal.

No olvido que aunque no eres un ángel, la primera vez que te vi estabas por arriba de mis ojos. Ahora lo triste es que la única foto que me diste, está perdida en la memoria de aquel celular que ya no encuentro.

La misma circunstancia maternal, tu incoherente traducción del chino al español. Si me preguntaras, cambiaría el lenguaje por aquella frase que ya se dijo y se fue. O cuando me iba y tú llegaste como capítulo final de novela clásica, coincidencia, Diosidencia, lo desconozco, pero claro está que alguien o algo sincronizo nuestras voluntades. Salía sin esperanza, para levantar los ojos y verte caminar hacia mí. Espero hayas sospechado que perder una pluma, era solo una excusa.

Creceré. Lo iré olvidando, por ello he decidido escribirte, porque aquel sueño en que apareciste vestida de gala, no ha regresado, se quedara en este renglón para recordarte.

Dejare esta carta abierta, para que si regresas en sueño o en persona lo escriba, y siga la historia que muy probablemente sé, termine con este punto.

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