Para ti no es difícil voltear el rostro,

giras con ese vestido adornado con tu nombre

opacando a Boticelli,

que gracia la de combinar tus colores

destacando de todas las demás.

Para mí fue fácil notar un brillo en tus ojos,

aquel que les dio un color distinto al habitual.

Ya eran ojos repletos de la luz del cielo,

casi podría apostar que Dios estaba allí

aliándose contigo para tomar mis ojos

y no dejarme ir.

Dejaría mi libertad en ese instante,

para no perder ese momento.

Mas que un detalle de mujer coqueta,

se percibe la nobleza y humildad en tu trato.

Pero que bellos ojos de perfil,

esa luz que bajo del techo

hizo brillar algo en mi interior a causa de tu mirar.

Mejor regalo que sostener tu mirada ninguno,

no me avergüenzo al ser descubierto mirándote,

porque la tentación de la belleza encanta mas durante el proceso que después de caer en ella.

Desconozco si nuestras miradas se crucen por casualidad,

o por algo parecido al amor durante este tiempo sin reloj,

pero me gusta pensar que jugabas a esconderte de mí y te encontré queriendo ser encontrada.

Ojala descubra en mayores ocasiones tu mirada,

por lo menos tener algunos días de garantía para esperar entre no verte

y no querer que te vayas de nuevo.

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