“Soy amado, luego existo”. Viene la Navidad. Con ello las anheladas vacaciones, un tiempo extra para convivir con nuestra familia. Tal vez no veamos aun el gran impacto que tiene en ellos estos detalles de tiempo y cariño. Hagamos bellos esos momentos, no olvidemos que la familia es la responsable de poner el amor en el mundo. Cuando los padres aman a sus hijos, estos reciben un gran regalo: una estabilidad emocional. Con esto la mitad del camino educativo estará hecho. Enseñemos a nuestros hijos a vivir virtudes, valores y normas dentro de nuestro quehacer cotidiano en casa. De vez en cuando preguntarnos como padres, si nuestros hijos se sienten valorados por nosotros. La familia enseña a vivir armónicamente en sociedad, si uno es feliz en casa, es feliz en la calle. No olvidemos que debemos educar para la realidad y para los demás. Si me aman, me descubro como soy.

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